domingo 1 de noviembre de 2009
lunes 5 de octubre de 2009
Taller de novela breve

La novela breve ha permanecido por mucho tiempo en el limbo entre dos géneros, el cuento y la novela. Precisamente por eso captura algunas de las mejores cualidades de ambas. Permite cualquier exploración temática y estilística, pero también nos fuerza a trabajar la síntesis, a valorar cada recurso del relato y a mantener una tensión que atrape el lector. Las posibilidades son infinitas, para encontrarlas hay que explorar el género.
Fecha, hora y lugar: Todos los miércoles a partir del 8 de octubre, 19:00 hrs, Cairo Cinema Café.
Costo: 1,400 pesos.
Mínimo y máximo de alumnos: de cinco a veinte.
Objetivos: El alumno desarrollará un sentido estético que permita una mejor apreciación, tanto de la ficción como de la realidad. Aprenderá las nociones básicas de la narrativa y tendrá las herramientas elementales para poder contar la historia que deseé. Al final del curso, si se compromete, tendrá una novela breve terminada.
Estrategias de enseñanza:
* Método expositivo.
* Dinámicas de interacción para discutir abiertamente los temas expuestos.
* Lecturas selectas.
* Ejercicios de comprensión (tallereo de ejercicios por tema)
* Retroalimentación sobre los trabajos de los participantes (tallereo de novelas).
Contenido por sesión.
1- Elogio a la lectura.
2- Teoría del cuento
3- Teoría de la novela
4- Periodismo y otros métodos para detectives.
5- Ensayística y otros recursos discursivos.
6- Medidas para esconder el tema en el argumento.
7- Psicología de personajes.
8- Tipos de narrador: para ser testigo y criminal:
9- Tiempo y espacio: cuantas horas en este minuto, cuantos mundos en esta habitación.
10- Forma, estilo y ritmo: estrategias para el trance.
11- Subgéneros y multidisciplinariedad:
12, 13 y 14- Tallereo intensivo de novelas.
Material de trabajo. Los alumnos recibirán cada clase un juego de copias con textos de Baricco, Bellatin, Bolaño, Borges, Bukowski, Calvino, Chandra, Chejov, Cortazar, Del Paso, Elizondo, Houellebecq, Kafka, Kundera, Marías, Novo, Piglia, Sabato, Tabucchi, Vallejo, Vargas Llosa, Vila-Matas, Yepez, entre otros.
martes 8 de septiembre de 2009
Que los ruidos te perforen los dientes
Que los ruidos te perforen los dientes... Oliverio Girondo
Que los ruidos te perforen los dientes,
como una lima de dentista,
y la memoria se te llene de herrumbre,
de olores descompuestos y de palabras rotas.
Que te crezca, en cada uno de los poros,
una pata de araña;
que sólo puedas alimentarte de barajas usadas
y que el sueño te reduzca, como una aplanadora,
al espesor de tu retrato.
Que al salir a la calle,
hasta los faroles te corran a patadas;
que un fanatismo irresistible te obligue a prosternarte
ante los tachos de basura
y que todos los habitantes de la ciudad
te confundan con un madero.
Que cuando quieras decir: "Mi amor",
digas: "Pescado frito";
que tus manos intenten estrangularte a cada rato,
y que en vez de tirar el cigarrillo,
seas tú el que te arrojes en las salivaderas.
Que tu mujer te engañe hasta con los buzones;
que al acostarse junto a ti,
se metamorfosee en sanguijuela,
y que después de parir un cuervo,
alumbre una llave inglesa.
Que tu familia se divierta en deformarte el esqueleto,
para que los espejos, al mirarte,
se suiciden de repugnancia;
que tu único entretenimiento consista en instalarte
en la sala de espera de los dentistas,
disfrazado de cocodrilo,
y que te enamores, tan locamente,
de una caja de hierro,
que no puedas dejar, ni por un solo instante,
de lamerle la cerradura.
domingo 30 de agosto de 2009
Hormigas

Hormigas
Por José Díaz Cervera
A la cálida vida que transcurre canora
con garbo de mujer sin letras ni antifaces,
a la invicta belleza que salva y que enamora, responde, en la embriaguez de la encantada hora, un encono de hormigas en mis venas voraces.
Siempre creí que las hormigas eran un asunto de azúcares y harinas, es decir, una faena de cocina y amas de casa.
López Velarde, sin embargo, autor de los versos que encabezan estas disquisiciones, me enseñó que las hormigas podrían ser una metáfora de la sensualidad y del deseo. Lo que nunca se me había ocurrido es relacionar a estos insectos con las posibilidades truculentas que nos ofrece su voracidad.
Como una hormiga de plata
mi voz va recorriendo, lentamente,
hoy que ya no te veo,
el nardo luminoso de tu cuerpo...
Debí haberlo imaginado cuando al final de mi infancia, leí estos versos de Ricardo López Méndez. La voz, como una hormiga, devorando lentamente con sus fauces de plata el recuerdo de un cuerpo que nos sigue esperando bajo la luz de los ocasos, era tan sólo una premonición extrañamente cifrada a través de la cual se anunciaba el oficio carnicero de la bestia.
Todo estaba dispuesto para la pesadilla y el terror. Todo tenía los ojos turbios del dolor agudo. Dios lo entendió así cuando dispuso que la mordedura de la hormiga fuera, mucho más que dolorosa, un pellizco acerado por el ardor y la rabia. Nadie podría adivinar que con ese sufrimiento concentrado, el hombre obtendría la ventaja de la supervivencia.
En efecto, si uno se detuviera por un instante a pensar en la voracidad de las hormigas, no podría volver jamás a conciliar el sueño por el terror de que, durante el mismo, las hormigas ejercieran su vocación depredadora dejándonos al alba tan sólo en nuestros huesos.
Por eso debí haberlo imaginado cuando, al encender la computadora, observé caminando sobre el escritorio dos hormigas pequeñas y muy rojas.
No estaba en mi recuerdo el relato del señor que vio cómo se quemaba el compresor de su aire acondicionado, ni la historia de la comadre que miró a su horno de micro ondas morir de un infarto en los circuitos integrados.
Por eso, después de consultar en mi correo electrónico los primeros mensajes de una larga lista (que de alguna manera me recordó un cuento de James Joyce, que relata la tragicomedia que resulta la organización de una reunión entre miembros de un comité político), y cuando en la pantalla todo quedó como petrificado, supuse sólo alguna anomalía pasajera en el servidor. Nada que no se solucionara con el “reinicio” de la máquina.
Así, después de varios intentos infructuosos, decidí acudir con el técnico para que revisara la caja que contiene los aditamentos que hacen funcionar el aparatejo, sobre todo porque desde su interior se escuchaba un ruido como de martillos lejanos y constantes.
La posibilidad de que se hubiera perdido la información contenida en el disco duro estaba latente, según me lo anunció el experto. Había, sin embargo, que esperar el diagnóstico.
Una hora más tarde, la tragedia tomó la forma de una pesadilla: el disco duro de la computadora había sido devorado por una plaga de hormigas que anidó en el interior del mismo; toda la información contenida en él se había perdido. No había más remedio que instalar un aditamento nuevo.
Había perdido algunos archivos valiosos (entre ellos algunas fotografías familiares) y algunos documentos cuya recuperación implicaría una tarea tediosa. Por fortuna, los archivos importantes (de libros e investigaciones en proceso) estaban a salvo, debidamente respaldados.
Llevo tres días sin dormir. Cada vez que me acuesto, me parece que entre las sábanas me espera un encono de hormigas truculentas queriéndome arrancar en un mordisco los pocos sueños que me quedan. De hecho, mi insomnio revela que ya comenzaron a hacerlo.
domingo 16 de agosto de 2009
Realidades mexicanas (entrevista de R. Villareal a H. Yepez)
RV: ¿Así que la educación tiene la batalla perdida contra la “cultura popular”?
HY: No. No ha dado ninguna batalla. En México idealizamos la cultura popular. Si en el pasado era marginada, hoy la cultura popular controla los medios, es la élite total. Sustenta a todos los valores dominantes y reaccionarios. La cultura popular mexicana nos tiraniza y reduce. Está basada en culpar al otro, reírse de la madurez, aplaudir el subdesarrollo y creer que el estado de conciencia en que se encuentra es el mejor, lo más chingón, la neta de las netas. No cree en la superación. Sabe que si se supera se despediría de la forma de vida de su familia y eso es lo que no se quiere. La cultura popular es una mentalidad compartida por masas, empresarios y partidos.
RV: El socialismo fracasó. El capitalismo en México está infestado por la corrupción y los monopolios. ¿Hacia dónde ir?
HY: Para que el capitalismo avance se requieren periódicos, cambios de mentalidad que fomenten nuevas formas de vida, nuevos consumos. En este siglo México se convertirá en un obstáculo para el avance capitalista estadunidense; la integración con México sería un desastre para ellos. Llegará un momento en que Estados Unidos entrará en una crisis económica de la que sólo saldrán combatiendo a México, tomando control de sus recursos y, sobre todo, limitando el influjo de sus valores anticapitalistas, como lo supo el odioso Samuel Huntington. La norteamericanización de México es imposible. El catolicismo impide que los valores capitalistas se propaguen, porque el catolicismo mexicano idealiza el victimismo, el populismo, el miedo al cambio, la falta de iniciativa, el tradicionalismo. Llegará el momento en que ese país sólo podrá tomar provecho de México con la intervención.
RV: Es una perspectiva sombría...
HY: Este país ya no tiene cultura. México tiene costumbres que repite; una cultura existe si hay producción de bienestar. Guillermo Bonfil Batalla decía que la cultura es lo que permite transformar un legado, así que si no hay transformación no hay “cultura”. Para que volvamos a tener una cultura el sistema escolar mexicano, desde la primaria hasta la universidad, tendría que incluir programas terapéuticos, de diversa índole, que desprogramen a los jóvenes del legado reaccionario que les entregan costumbres, medios, religión y familia. El problema central de México es que no sabe construir una masculinidad ni una femineidad sanas. El varón se mantiene en un nivel infantil que oculta mediante la sobreactuación de clichés, el “machito”, y la mujer renuncia a su fuerza para volverse su “vieja”. Si deseamos una nación líder, o al menos con empleados eficientes, tiene que haber un severo cambio en la mexicanidad. Si queremos capitalismo, debemos desmantelar Televisa. Si deseamos algo superior al capitalismo, entonces habrá que desmantelar totalmente la llamada “mexicanidad”.
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